Café Blog

9 March, 2008

Miguelín

Miguelín

Hubo un tiempo en que las fotos me las hacían a mi. Un tiempo en que no existía la fotografía digital ni Internet. Un tiempo en que, comparado con el tiempo actual, faltaban muchas cosas pero no las echábamos de menos. Un tiempo en que como en todos los tiempos, cuando comienzan, al tener todo por delante no hacía falta mirar atrás.

El tiempo pasa pero los recuerdos permanecen, y las viejas fotos ayudan a recordar.

Tema: Miradas, Posos del café - Miguel @ 12:15 am



11 October, 2006

fuimos

 fuimos

Hoy he recordado
aquellos otros tiempos
en que nuestra vida
era un dulce vuelo
Todo el día juntos
siempre agarrados
repartiendo besos
juntos de la mano

Fuimos aire y viento
fuimos agua y mar
Yo fui la herida
tu fuiste el puñal
Fueron tus labios rojos
y tu piel de ángel
Fue tu pelo negro
y tus besos miel

Ahora que estoy solo
no puedo vivir
La vida no importa
tu no estás aquí
Desde que te fuiste
todo se acabó
ya no hay sonrisas
todo terminó

. . .


 

Tema: Posos del café, Música para un café - Miguel @ 4:19 pm



17 June, 2006

espejo espejito

Leyendo a Iluku, Ella me ha hecho pensar en algo, y pensando he recordado que por aquí escribí algo hace tiempo, pero no recordaba ni cuando ni donde exactamente. Como las búsquedas en este blog no funcionan he tenido que buscar en otro sitio (viene a ser como las tretas que usamos para rebuscar en nuestro interior esos recuerdos perdidos, que sabemos que están pero a los que no sabemos llegar). Al final la pista la encontré entre los escritos de Manuel


Espejos (CaféBlog, 1 Agosto 2005)

espejos

Quien más quien menos se mira en un espejo al menos una vez al día, o varias, ya sea como acto instintivo, como necesidad, como obsesión, … Y no solo nos miramos en los espejos como tales, también buscamos nuestro reflejo en sitios dispares, por que a falta de un espejo cualquier superficie reflectante puede servir.

¿qué vemos al mirarnos en un espejo? ¿nos vemos a nosotros mismos? ¿nos vemos de verdad?

Hoy le he espetado a mi pequeña, a la que le encanta mirarse en el espejo del pasillo

Cuando te miras
en los espejos,
no te ves
Miras tus manos
Miras tus pies
Miras tu cuerpo
… pero no te ves

Me ha sonreido, supongo que más interesada en la cadencia de las palabras que en su posible significado. O tal vez pensaba con condescendencia: "Pobre papi, que bobadas dice". Yo le he devuelto la sonrisa, mientras pensaba que llegará el día en que tal vez ella también lea cosas como esta:

La gente utiliza los espejos no para ver su persona (…) sino para ver manifestaciones fragmentarias como su cabello, el maquillaje de los ojos, el nudo de la corbata, etc. Si no lleváramos a cabo esa evasiva fragmentación nos enfrentariamos con la experiencia de que vernos a nosotros mismos significa ver a través de nosotros. Nada hay más temible. (David Cooper, “La muerte de la familia”)

Yo hace tiempo que dejé de leerlas, y ya no sé que pensar.

He vuelto a ver a mi pequeña mirándose en el espejo, en realidad creo que lo hace por que le han enseñado a hacerlo. Pero lo realmente importante es que creo que todavía ella es capaz de verse a si misma, tal y como es, sin que eso le suponga ningún problema.


Tema: Mis niñas chicas, Posos del café, Café cargado - Miguel @ 10:55 pm



4 March, 2006

Aire

aire

Anoche tuve un mal sueño, anoche soñé…

Que el viento llevaba mi voz y tú no hacías caso al viento
Que el aire azotaba tu rostro y tu rostro se escondía del aire.

Y es que el viento es aire, sólo aire
pero cuando el aire se para
se paran las hojas, se paran las ramas
se paran los cabellos

… tus cabellos y mis sueños



Foto: Jyn Meyer




24 February, 2006

Tierra

Tal vez en aquel verano en Santander empecé a dejar de ser un niño. Recuerdo los paseos con mi tío por la ciudad, recorriendo todas sus calles, descubriendo todos sus rincones. Tal vez sin que él se diera cuenta y sin que yo lo supiera entonces fue una de las personas que más me enseñó de la vida, de lo bueno y de lo malo.
Poeta de tabernas y amante de la vida, escribió a la vida, a sus recuerdos, al mar, a la tierra, y éste es un pequeño ejemplo que me trae sus recuerdos. Escribirlo le costó un disgusto, hubo quién no lo entendió. Y si simbólicamente el mar es vida, también es muerte, y no solo por que en el mueran los ríos. Siempre hay que mirar más allá de donde llega nuestra vista. Tierra, por mi tío:

No me gustan los mares
el mar no me dice nada
¿Hablan del mar los que no saben
buscar pupilas al aire?

Sí. El aire es más que el mar
y la tierra más que el aire
La tierra se esta cansando
de soportar tantos mares

Carretas de la tierra al mar
-y la tierra silenciosa-
Prefiero una mota parda
que de los mares sus gotas

Mota mota, gota gota
prefiero la mota parda
que me tape el horizonte
donde mueren las gaviotas

. . .



Foto: Jamie Harris

Tema: Del antiguo Café Blog, Posos del café - Miguel @ 6:30 pm



18 February, 2006

mar

mar

El mar de mis primeros recuerdos sabe a Santander. Conocí el mar allí con cuatro o cinco años. Mis siguientes y únicos encuentros con el mar fueron en esa misma ciudad, allí lo volví a ver, lo volví a oler, pero no fue hasta los doce años en que lo volví a saborear. Mis cortas visitas siempre fueron en invierno, un invierno más templado que el que dejaba en casa.

Aquel verano pasé un mes con mi familia, sin mis padres. Me sentí una persona adulta viajando solo, fue mi primera vez. Y al final del viaje, como siempre, después de contemplar las montañas y el verde, mis ojos buscaron el azul. Y esa vez con más ansiedad, por que sabía que iba a poder hacer realidad mi sueño de volver a bañarme en el mar.

Tardé varios días en convencer a mis primos, mayores que yo, para que me llevaran a la playa. Me decían que el tiempo no acompañaba. Una tarde por fin lo hicieron, pero no por que se apiadaran de mi, sino por que habían quedado con unas amigas. Ese verano empecé a comprender muchas cosas, y a dejar atrás otras.

Recuerdo haber recorrido todas las playas durante lo que a mi me pareció una eternidad, buscando a sus amigas. Yo miraba al mar y preguntaba: “¿ya?, ¿nos ponemos ahí?”
Y ellos decían: “no, espera a ver. Tenemos que encontrarlas”
Por fin dijeron: “Ahí están”. Y ahí estaban ellas, en una sombra, algo alejadas de la orilla. A mi me dieron una colleja y me permitieron ir a bañarme. Salí corriendo y me fui quitando la ropa por el camino. Sin pensarlo me tire al agua, al agua salada de ese mar con el que había soñado tantas veces.
Con la emoción y el ansia desbocada tragué agua por la boca y la nariz. Pero no fue eso lo que más me molestó. Fue el sabor del agua de mar. No reconocía su sabor, me desagradaba. Me desagradó tanto que salí inmediatamente del agua. Estaba acostumbrado al sabor del cloro de las piscinas y al agua “poco límpia” de mi río.
Volví cabizbajo a reencontrarme con mis primos y las chicas, recogiendo desconcertado la ropa que había dejado por el camino. Al verme volver me preguntaron extrañados si ya me había cansado tan pronto. Solo les dije: “sabe mal” y me miraron como quien mira a un bicho raro. Solo una de las chicas, acariciándome la cara, me dijo: “pobrecillo”.
No sé por qué, pero me gustó la forma en que me lo dijo mientras me acariciaba. Me gustó casi tanto como su sonrisa.

En todo el mes que permanecí en Santander solo volví a bañarme otro día, justo al final de mis vacaciones. Una sonrisa y un pelo largo me acompañaron. El mar sabía de otra manera.



Tema: Posos del café - Miguel @ 8:51 pm



12 September, 2005

Abueletes

abueletes

En mi barrio siempre ha existido una residencia de ancianos, puede que incluso estuviera ahí antes de que naciera el barrio. El interior era oscuro, muy oscuro y nunca me pareció un lugar muy apropiado, incluso en aquellos años. Lo visité con relativa frecuencia, acompañando a mi madre para visitar a un familiar lejano que la familia descubrió casi por casualidad.

El exterior era distinto, tenía unos estupendos jardines, alguno amplio y majestuoso donde los abueletes tomaban el sol, y la sombra. Recuerdo haberles visto jugar a la petanca y a la calva. En los muros de ese jardín los niños del barrio robábamos rosas, cazábamos lagartijas y más de una vez saltábamos dentro para coger caracoles.

Pero la imagen que tengo grabada es la de mi abuelo sentado en la valla, junto a otros vejetes, algunos de la residencia y otros como él vecinos del barrio a los que gustaba sentarse allí. Todos ellos, como mi abuelo, eran abuelos de los de antes, de pantalones de pana, boina y reloj de bolsillo. Lo que era un abuelo de verdad, al que no le podía faltar un cayada en la que apoyarse y con la que amenazar de broma a su nieto.

Hoy todos los jardines han desaparecido y en su lugar han crecido modernos edificios, anexos al resto de la residencia. Los árboles, flores y pajarillos han dejado lugar a luminosas y amplias, supongo, habitaciones. Hay más sitio para los residentes, o mejor dicho, más sitio para más residentes (algo muy necesario en estos tiempos, y más en estas tierras), y seguramente con mejores instalaciones. Pero todos, los vejetes y los vecinos, han perdido mucho, ese bonito lugar del que ya solo queda el recuerdo, y que siempre estará ligado a mi niñez, como la imagen de mi abuelo sentado en la valla, con su pantalón de pana, su boina y su cayada, sacando el reloj del bolsillo cuando su nieto se acercaba a preguntarle la hora.

Tema: Posos del café - Miguel @ 9:07 pm



19 June, 2005

Escrito en viejas carpetas - III -


Tiempos pasados que no volverán

Aquellos tiempos que no volverán

Tantas palabras que no pronuncié.
Tantos labios que no besé.
Tantos sueños perdidos que no realicé

No importan los años. Aunque sea feliz, solo sentiré, que hasta aquellos días no podré volver.

Tener quince años, o tener dieciseis.

Escrito por “otro Miguel”, …no quiero saber cuando



Tema: Posos del café - Miguel @ 10:47 pm



1 June, 2005

Helena

Hacía mucho tiempo que no la veía. En realidad en todos estos años nunca he dejado de verla, eso si, a veces han pasado años entre cada ocasión. Nos reconocemos al cruzarnos por la calle pero nunca hemos vuelto a saludarnos. Hacía mucho tiempo del último encuentro. El tiempo pasa, pero nunca lo suficiente, sobre todo para recordar.

Y ahora recuerdo la última vez que recordé, en el viejo Café Blog, no hace ni un año.

. . . . . . .

Helena y MiguelLa recuerdo como una chica dulce y bonita. Al menos a mi me lo parecía. Nos sentábamos en mesas separadas y no solíamos hablar mucho, pero era con la chica que más hablaba. Por aquel entonces el otro sexo no es que me interesara mucho, pero ella debía tener algo especial.

Un día me levanté decidido. No sé que me impulsó a hacerlo, pero lo hice. Me acerqué y le dije que tenía que preguntarle una cosa. Sin esperar respuesta le pregunté si quería casarse conmigo. Ella no se sorprendió, sonrió y me dijo que tenía que pensárselo. Yo volví a mi sitio, sonriente por que no me había dicho que no.

No recuerdo el momento en que me dio la respuesta definitiva. Evidentemente tuvo que ser un sí, ya que puedo recordar perfectamente los chismorreos y chascarrillos que sufrimos, y como durante un buen tiempo nos cantaban todos a coro:

-¡Helena y Miguel son novios! ¡Helena y Miguel son novios!-

Teníamos cinco años.

Tema: Posos del café - Miguel @ 10:41 pm



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